martes, 17 de enero de 2012

"Deus". Fragmentos de obra teatral en dos actos

¿Sigue esperando la venida del señor? ¿Las sagradas escrituras no satisfacen aún sus expectativas religiosas? ¿Aún no queda aclarado el misterio del génesis y la creación, ni sabe demasiado acerca de las batallas de Shiva contra las fuerzas demoniacas de Oriente? Pues puede dormir tranquilo. Muy probablemente nadie sepa del todo la verdad que radica en estas preguntas.

Dudas, dudas y más dudas es lo que podría dejar como resultado la lectura o la puesta en escena de "Deus", del dramaturgo mexicano, Ulises Paniagua. Después de todo, ¿quién se aventuraría a afirmar o negar rotundamente los planteamientos básicos de la fé? En "Deus" la propuesta es poner a juicio los dogmas y las firmes creencias en alguna religión de cualquier tipo y origen. Es más, se propone cuestionar incluso el agnosticismo y el ateísmo como corrientes fanáticas en su propia negación. ¿Es posible practicar el ateísmo hasta llegar al dogma?

En esta obra, participante del concurso de dramaturgia convocado por la UAM en el 2011, hay un interés profundo por cuestionar algunos cimientos sólidos y establecidos desde hace algunso milenios, que podrían ser útiles o inservibles en los tiempos modernos que corren tan aprisa y de manera tan desorganizada. Si los planteamientos de la drmaturgia son suficientes o no, es algo que también desconocemos. Aquí les dejamos con tres fragmentos de esta obra divida en dos actos, esperando sean de su agrado:

D E U S

Obra de teatro en dos actos

 

 de: Ulises  Paniagua  Olivares
Idea  original  y  Dramaturgia
D.R. 121512490300-14, 2006     


“Cuántas horas se pierden en la oscuridad suponiendo que el silencio te juzga, como esperamos en vano ser juzgados por Dios.”

Clarice Lispector

Personajes:

Aqua (Mujer voluptuosa; ama de casa de clase media alta; mística; 33 años)

Ezequiel Norten  (Empresario cristiano y ultraconservador; de ascendencia estadounidense; 33 años)

Omán Balí Rodríguez  (Hombre que practica una religión de Medio Oriente; reservado obrero de ascendencia árabe; 33 años)

Cristofer Olivar (Hombre ateo; periodista latino; 33 años)


PRIMER ACTO

I

(El interior de un tren suburbano. Sonido de tren en marcha. Cristofer Olivar, de apariencia intelectual, viaja en uno de los asientos)

Cristofer: (dirigiéndose a un interlocutor ubicado entre el público)  Manzanas. Cientos de manzanas; miles de manzanas harían falta para sepultar las ciudades del mundo y su alma globalizada.  Veamos: Van Gogh es un buen ejemplo de cómo el mundo no consume al genio con su asquerosa mediocridad. Quiero decir, tal vez sea un buen ejemplo, pero evidentemente no es el único. Casos recientes podrían ser Salvador Dalí; Clarice Lispector, Michel Focault; Marie Curie, Sigmund Freud o el propio James Joyce. En todo caso, lo que quiero recalcar es la relevancia del artista o el librepensador como redentor de una sociedad masificada. Un garbanzo diferente a los demás, no sé si me explico. De lo que hablo es de la consigna del creador y del intelectual para redimir el mundo de en su sentido de mercado y de cárcel políticamente correcta; misión que a más de uno le ha costado una terrible infelicidad personal; o incluso la vida.
Tome como ejemplo la manzana de Newton; ¿qué significa? ¿Por qué la maldita metáfora de ese fruto, partiéndole su confundida cabeza, es tan similar a la metáfora del fruto que Eva arranca al Árbol de la Ciencia, en aquélla exquisita farsa del Génesis del Hombre?  Digo, ¿no le parece sospechoso? La maldad reside en el conocimiento, en la acción de pensar y organizar el conocimiento. Al menos, eso es lo que los sistemas del poder pretenden hacernos sospechar.
¿Qué le pasa? Lo noto un poco aburrido. ¿Le fastidia mi plática? La conversación de un desconocido de ascendencia latina, que se trepa de pronto a un subterráneo de la ciudad, quizás para aclarar sus propias dudas, le resulta incómoda, supongo. No lo culpo. La verdad, a ninguno de nuestros ciudadanos le interesa la opinión del otro; y lo cierto es que a veces ni yo mismo me soporto…Mire, ¿ya vio ese edificio de allá? Tiene apenas tres meses que lo comenzaron a construir y ya van en el sexto piso. Así mismo han transformado este sector de la ciudad. Antes era un relleno sanitario, y ahora…hay que ver cuántos consorcios, cuántos rascacielos y trasnacionales relucen con la iluminación artificial de la zona. Supongo que nos dirigimos, plenos, hacia el progreso, ¿no lo cree?
Pero comprenda bien lo que le voy a decir: ninguno de estos malditos edificios es tan jugoso como la mítica fruta del Paraíso. Quiero decir, que una idea de Erasmo de Rótterdam o de Miguel Ángel bastaría para iluminar durante cien años la vida mediocre de estos rascacielos. Habría que apilarles manzanas hasta aplastarlos, hasta hacerlos mierda con el peso de su jugo  ¿Me explico? Y luego a cada hombre o mujer de cada edificio de este distrito empresarial le daría un rostro de manzana; no sé si roja o verde, o de un color simple y apetitoso. Pero les daría ese rostro para que fueran por las calles tratando de comprender. Una redención por medio del pensamiento. La salvación por medio de un Mesías artista, o  científico ¿Qué le parece? Claro, que si no quieren, si quieren seguir saltando el chiquero como ovejas apestosas, ojalá les parta el cráneo una manzana del tamaño de Júpiter…¿Pero por qué estoy hablando del Mesías?
(Molesto) No me chasqueé los labios de esa manera. Y créame que su gesto me parece ofensivo y descortés. Total, si no quiere escucharme siga contemplando las lucecitas de los rascacielos, como un mono que contempla el fuego. La verdad no sé del todo a dónde hemos llegado, y sobre todo a dónde pretendemos llegar.
Pero usted qué va a saber de eso; siga leyendo su revistita y chateando, twiteando, faxeando, faceando, interneteando su cotidianeidad…(Se calma un poco; luego, pensativo:) Está bien, está bien. No me mire como si estuviera loco o fuera un estúpido. La verdad, estoy un poco nervioso. Esté correo electrónico (muestra una hoja impresa) me tiene inquieto. Alguna fulana o fulano me han citado en uno de estos rascacielos de los que hablo, de una manera muy ventajosa y vulgar. ¿Eso le interesa un poco? Claro, el morbo. Dotar los comentarios de misterio genera expectativas, ¿no es cierto? Porque muy en el fondo de su retorcido corazón esperaría que al llegar al piso que me citaron, un asesino serial acabara con mi vida; o que una chica ninfómana me colmara de cocaína y placeres sensuales. O que encontrara un alquimista que aprendió a transformar nuestra mierda en dólares, dólares infinitos…Eso es lo que usted esperaría. Algo sensacionalista y retorcido. Algo que logre separarnos de nuestra contemplativa y aburrida actitud.
Pues bien, le voy a dar gusto. Tal vez lo que le comente le genere más expectativas de las que se imagina, pero en verdad a mi esto también me tiene muy desconcertado. El correo del que le hablo, el que me hicieron llegar ayer, viene firmado por… Dios. Sí, escuchó usted bien. Dios en persona. Y lo más sorprendente del caso es que me invita a conocerlo. ¿No le parece exótico? Sí, ya sé lo que usted está pensando. Que se trata de una broma de mal gusto, o de una trampa urdida por una banda de traficantes de órganos. Pero sepa usted una cosa: el correo menciona tres momentos de mi adolescencia muy íntimos; tres libros que han marcado mi conducta actual; y tres errores de mi vida que me gustaría corregir ¿Y sabe qué? No soy un estúpido, he leído mucho. Soy un periodista. Pero el correo tiene razón en todas y cada una de las menciones. Y la verdad sea dicha, sólo Dios, un satélite superpotente, o un chip instalado en mi cerebro podrían acceder a tal información…¿Qué piensa? ¿Qué le voy a detallar cada uno de esos momentos y  errores de mi vida? Por supuesto que no, si apenas lo conozco.
Tranquilo, no se alarme. Ya le dije que no soy un psicópata adormecido por paladas de filosofía de bolsillo, ni un extremista. Tampoco le quiero vender libros sobre cómo superarse, ni piritas de la buena fortuna. Para su comodidad, sepa que bajo en la siguiente estación. Ya usted no tendrá que preocuparse por manzanas; puede volver a la comodidad de su lectura de folletines, o su llamada mezquina del teléfono celular; mientras yo, Christofer Olivar, por mi parte, continuaré angustiándome por la terrible profundidad que un mensaje de esta naturaleza, guarda para un ateo como yo. Imagine nada más; un correo enviado por Dios…Cuánto misterio, ¿no cree?....Vamos, es una idea que parece tentadora, pero es, en evidencia, la cosa más absurda que pudiera a uno pasarle. ¿Usted se lo tomaría en serio?...Entiendo, no quiere hablar conmigo. Le tiene sin cuidado lo que me pase o deje de pasarme. Apenas me conoce. Comprendo, no le quito más su valioso tiempo. Siga, siga leyendo su revista de espectáculos. Se ve que está bien interesante…Bueno, que pase una buena noche. En esta estación bajo. Ha sido un placer conversar con usted. Hasta pronto.

(Se escucha el sonido que anuncia el cierre de puertas del tren. El sonido es muy agudo. Cristofer desciende del vagón. Se despide, sarcástico. Oscuro)



II

(El interior de un elevador. Sonido de elevador en ascenso. Aqua y Ezequiel Norten abordan dicho espacio. Ezequiel porta un traje elegante y un portafolios lujoso, Aqua, por su parte, viste de un blanco impecable, espiritual, aunque un tanto sexy)

Ezequiel: (dirigiéndose a Aqua, una vez que arranca el ascensor)  Los ascensos siempre son tortuosos, ¿no es verdad?

Aqua: Supongo que así debe ser. Si ascender fuera sencillo, cualquier alma corrupta podría alcanzar la plenitud.

Ezequiel: (reflexiona)  Tiene usted razón. Además, hay ascensos que no conducen a ninguna parte, como una espantosa Torre de Babel. Ayer, por ejemplo, estaba un poco ocioso en mi oficina, leyendo el periódico; ya sabe, la sección de finanzas, cuando en la pantalla de plasma que mandé instalar en mi privado, aparece la imagen del Primer Ministro de nuestro país…(cambio) Por cierto, ¿a qué piso me dijo que va?

Aqua: No le había dicho. Pero voy al penthouse.

Ezequiel: (la mira con desconfianza) Qué casualidad. Justo voy a ese piso también.

Aqua: (también desconfiada) Es una verdadera coincidencia.

Ezequiel: En fin, el ascenso es largo. Son cerca de cien pisos… Pero le estaba comentando, miro la televisión y aparece el Primer Ministro, con sus trajes de pésimo diseño y su sonrisita socarrona. El tipo no tiene ni un ápice de presencia. Pues bien, aparece en la pantalla y entonces, como una revelación, me pregunto cómo un tipo tan nefasto pudo llegar allí. Quiero decir, no es ni el más capacitado; ni el más fuerte; ni el más, digamos, ágil para resolver situaciones de apremio mental. Se trata de ese tipo de ascensos inexplicables. Pero en cambio, todos lo tratan como un Dios…

(Aqua y Ezequiel se turban profundamente)

Aqua: Perdone, ¿qué es lo que dijo?

Ezequiel: Nada, no he dicho nada.

Aqua: Juraría que mencionó la palabra Dios.

Ezequiel: No.

Aqua: Sí lo hizo.

Ezequiel: No. Le digo que no. Quizás mencioné alguna otra palabra, que sonó similar…ya sabe, el ruido del ascensor provoca engaños de percepción.

Aqua: No mienta. Mencionó esa palabra.

Ezequiel: ¿Por qué tendría que mencionar  un vocablo tan inapropiado para la situación? No me parecería…

Aqua: Lo dijo. Tal vez se trate de una asociación de ideas, o un simple capricho del inconciente. Pero lo mencionó.

Ezequiel: Sí, bueno tal vez lo haya citado, de pasadita.

Aqua: No se preocupe, no es tan grave, supongo…¿Qué pasa?, este maldito elevador va a tardar mucho en subir. Apenas vamos en el piso veinticinco.

Ezequiel: Avanza lento. Como el mundo.

(Aqua se queda pensativa)

Aqua: Todo es cuestión de equilibrio.

Ezequiel: ¿Cómo dice?

Aqua: El mundo. Justo lo que usted mencionaba, es una cuestión de equilibrio; entre hombres y mujeres; entre el bien y el mal; el ying y el yang. El Primer Ministro es un buen ejemplo de un hombre al cual no le interesa el equilibrio en su vida. Un hombre sobrepasado por la búsqueda de poder, por los placeres, la capacidad de consentirse ante los reflectores y la prensa. Se  ha olvidado por completo de encontrar el reposo en su alma, la tranquilidad de su corazón.

Ezequiel: Es cierto. Ese tipo es una porquería.

Aqua: Claro, porque en su interior no reside ninguna compensación de fuerzas. Es como una especie de Mercader de Venecia chiflado, que se pasa la vida cortando pedacitos de su propia carne para subirlos a un solo lado de la balanza. Por supuesto, no hace más que flagelarse y flagelarse sin sentido. Sin embargo, supongo que forma parte de esa enorme mitad de mediocres e inútiles que compensan, al otro lado, el peso de la balanza social.

Ezequiel: (Desconcertado, interrumpe) Señorita…

Aqua: Puede decirme Aqua.

Ezequiel: Ya veo. Señorita Aqua. ¿Así, sin…?

Aqua: No se moleste en preguntar. Ya no tengo apellidos. En la religión que estoy practicando los bautizos carecen de cualquier referencia terrenal. Los lazos sanguíneos, cualquier parentesco no hace más que estorbar a nuestra búsqueda de felicidad.

Ezequiel: (desconcertado) Entiendo…Aqua. Pero creo que no me gustaría mucho hablar de eso; de acercamiento espiritual y autorrealización interior. Quiero decir, estoy convencido de que la capacidad para sentirnos plenos es externa; emana de un ser superior que nos permite ser felices, o soportar las duras pruebas de la miseria y la soledad.

Aqua: Entiendo, pero su concepto es limitado. La naturaleza es un ente orgánico, ligado con la armonía del Cosmos. Una situación similar a la serie numérica de Fibonacci. ¿No le parece maravilloso que los palacios de Atenas, un embrión humano y un caracol estén diseñados bajo las bases de la sección áurea; quiero decir, que los seres humanos y la propia Vía Láctea contengamos la proporción divina? Al menos, eso es lo que me ha explicado mi consejero espiritual.

Ezequiel: (molesto) No me gustaría parecer…limitado. Pero para nosotros las cosas son claras. Quiero decir, las bases están sentadas por una Iglesia Romana bien establecida. Una institución, una corporación firme y bien organizada. Allí, no nos gustan esas…¿cómo decirlo?....pendejaditas experimentales del espíritu. Somos más institucionales, y la verdad no me gustaría seguir hablando de eso.

Aqua: Ahora mismo está hablando de eso. Y además, se está poniendo grosero, señor…

Ezequiel: Ezequiel, Ezequiel Norten, para servir a nuestro Señor.

Aqua: Pues, señor Ezequiel, para servir a su señor… yo noto malas vibras, terribles fluctuaciones negativas alrededor de usted. Quiero decir, no me quiero meter en asuntos personales, las creencias en esas imágenes falsas que adora, pero…

Ezequiel: (tratando de evadirla) Qué calor. Gracias a Dios, estamos en el piso ochenta y dos.

Aqua: Tal vez debería darse una vuelta a unos retiros espirituales…

Ezequiel: Ochenta y cuatro.

Aqua: Creo que le sentarían bien; pues se le nota tenso, y algo…

Ezequiel: Ochenta y seis.

Aqua: Mamón.

Ezequiel: Ochenta y ocho. Ya casi llegamos. ¿Qué me decía?

Aqua: Nada, Ezequiel, nada importante. Usted debe ser empresario, dueño de alguna fábrica explotadora de semejantes, ¿verdad?

Ezequiel: No precisamente. Soy dueño de una empresa desarrolladora de softwares y artilugios electrónicos

Aqua: Da lo mismo.

Ezequiel: ¿Por qué lo pregunta?

Aqua: Curiosidad, supongo. Y una especie de test psicológico primitivo, por pasatiempo…(cambio) ¡Vaya¡ Parece que en el último tramo del recorrido, el ascensor cobra velocidad. Piso Noventa y nueve. Hemos llegado.

(Se abren las puertas del elevador. Aqua desciende apresurada. De su bolso cae una hoja con anotaciones. Ezequiel se apresura a recogerla. Al recogerla no puede evitar leer parte de su contenido; se muestra asombrado. Ambos personajes se miran con curiosidad, se genera una pausa incómoda)

Ezequiel: Aqua…Supongo que este correo es tuyo. ¿Podemos hablarnos de tú? Resulta más cómodo….

Aqua: Podemos.

Ezequiel: No pude evitar leer la página. No fue mi intención, pero…

Aqua: Pero lo hiciste. Te morías de ganas por conocer el contenido de esa hoja maltratada y modesta.

Ezequiel: Tal vez era de mi interés saber, sí. Pero aclárame una duda: ¿También tu mensaje está firmado por …?

Aqua: Por él mismo.

Ezequiel: Carajo. Esto sí que se pone extraño. Y no sé por qué, pero presiento que a pesar de que estamos en el vestíbulo de un nonagésimo noveno piso, apenas iniciamos el ascenso…

(Oscuro Parcial; al otro lado del escenario aparece Omán Balí, bebiendo una cerveza en una barra sencilla).



III

Omán: Todo era confuso. El remitente, el mensaje; el medio. Por lógica, el destinatario también ingresó a las filas de la confusión. Fue tal como lo cuento. Estadio Nacional de Béisbol; séptima entrada. El pitcher llevaba un partido perfecto; no hits, no carreras, no errores. Se lanza hacia delante, decidido. Su cuerpo se vuelve una catapulta; su brazo una bazuca. Pero de pronto, en ese instante mínimo, casi imperceptible en que la bola está a punto de desprenderse de sus dedos, duda. ¿Cómo pueden existir instantes de duda durante acciones tan vertiginosas? Su desconcierto es tardío, la bola sale despedida, en un recta predecible, a media altura y…¡Pum¡, batazo tremendo. La pelota cruza el parque, desenfrenada, como un bólido arrollando las masas de aire a su paso. Estética en sus giros aerodinámicos; una parábola hermosa. Y cae ahí, en mis manos. Justo entre una multitud ávida, cae en mis manos. Al principio no me genera ninguna preocupación; muy al contrario, me vuelvo loco de alegría por haberla atrapado. La guardo de inmediato en uno de los bolsillos de mi chamarra, como un niño atesorando su juguete favorito. El cielo me había colmado de bendiciones. Encima de todo, mi equipo vence por dos carreras, esa noche. Pero, al salir del estadio y analizarla con cuidado, noto estas extrañas inscripciones en las costuras de la pelota. Mínimas, casi imperceptibles. Tan pronto llego a casa consigo una lupa; descifro las letras pequeñitas, y con gran sorpresa descubro una dirección; también el nombre de un rascacielos. En la costura opuesta, una fecha y una hora establecidas. Luego, lo peor, la frase: no faltes y la firma de…bueno, ¿cómo entenderlo? Demasiadas coincidencias, me vence la curiosidad y, pues no sé. Supongo que tengo que ir a ver de qué se trata; sólo así volveré a actuar con normalidad; sólo así, yo, Omán Balí Rodríguez, volveré algún día a un partido de béisbol, sin riesgo de extraños eventos, para volver a comer botanas en las gradas, y tomar cervezas frías, sin remordimiento. Además, no puedo deshonrar a  quien me invita a su casa.
La verdad me pareció, ¿cómo decirlo? Ajeno. Quiero decir; en mi religión realizamos gestos que al resto del mundo le parecerán extraños: nuestras mujeres andan cubiertas con grandes velos, y los hombres somos barbudos y acostumbramos orar mirando hacia el Oriente. Pero tenemos integridad de espíritu. Jamás colocaríamos mensajes divinos en una pelota de béisbol; eso es comercial y degradante. Es indecoroso. Creo que una acción de este tipo, es afín a una secta que promueve la autosuperación y la buena convivencia, a cambio de billetes. Además de deshonesto, el acto me resulta cruel.
Mi abuela, una vez que se divorció, murió lapidada por una multitud enardecida; pues en mi fe se prohíbe la separación de los votos nupciales, ¿Y saben qué es lo más curioso? Dicen que fue una piedra redonda y lisa, casi tan perfecta y adecuada a una pelota de béisbol, la que dio fin a sus días. Hay coincidencias sumamente misteriosas. Por eso me gusta asistir al estadio cada domingo. Muchas veces, cuando miro una pelota enardecida dirigirse a la mascota del catcher; me gusta ver a un bateador potente que revienta la blanca por toda la cancha, y la bota del campo. Siento que así venga de golpe la injusta muerte de mi abuela, a manos de una caterva de bárbaros…¿Pero de qué estaba hablando?....Ah, claro, claro…qué descortesía la mía, espero no haberlos insultado con mi extravío; el extraño mensaje en la pelota del estadio. ¿Pero por qué yo?, me dije. ¿Qué hecho para merecer semejante privilegio? ¿Por qué se trata de un privilegio, no es verdad?

(Omán permanece quieto un segundo.  Pensativo, vuelve a beber de su cerveza hasta vaciarla. Es evidente que algo le inquieta. Coloca el envase en la barra. Deja unas monedas sobre la barra, y sale del bar)



Ulises Paniagua Olivares (México D.F. 1976)
Narrador, poeta, videasta y dramaturgo. Se  graduó como arquitecto en el Instituto Politécnico Nacional. Ha publicado, en colectivo, cuatro libros de cuento (Cuentos dispersos, Nuevo cuentario, El silencio se mudó al armario y Cuentos húmedos), todos ellos bajo el sello editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México. También publicó, en 2009, el poemario De amor y otras miserias, bajo el sello editorial Fridaura; y el libro de cuentos Patibulario, en el 2011, con la editorial Mutibilda. Su obra ha sido divulgada en diversas revistas y diarios nacionales e internacionales. En el 2007 recibió una mención honorífica en el Concurso Nacional de Cuento Criaturas de la Noche, del Instituto Coahuilense de Cultura. En el 2008, fue incluido en la antología de Poesía Latinoamericana Giulia Gonzaga,de la revista Lo Spazio (Italia) Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, al alemán y al italiano.
Correo electrónico:  sesilu7@yahoo.com.mx






miércoles, 23 de noviembre de 2011

El cumpleaños de Slovana (Cuento antinavideño)

Con motivo de la ¿celebración? de la Nochebuena y la Navidad, el centro teatral La Capilla, organiza cada año un concurso de cuentos antinavideños, con la finalidad de desmitificar y desacralizar algunos excesos acerca de fecha tan especial, sobre todo en tiempos de un violento consumismo. La presente obra que presentamos no fue una de las seleccionadas este año, pero participó en dicho evento. Como pensamos que lo imporatnte en este tipo de concursos no es quien gane, sino los trabajos que puedan presentarse, publicamos aquí una de las obras que se escribieron para tal evento, "El Cumpleaños de Slovana", del poeta, narrador y dramaturgo mexicano, Ulises Paniagua. Ojalá la ironía de esta pequeña obra alcance para arrancarle una o dos sonrisas, o bien, alguna franca carcajada:



El cumpleaños de Slovana
(Cuento antinavideño)

Comedia en un acto

Idea  original  y  Dramaturgia:
Ulises  Paniagua
 
Derechos reservados al autor.


“¡Feliz, feliz Navidad, la que hace que nos acordemos de las ilusiones de nuestra infancia, le recuerde al abuelo las alegrías de su juventud, y le transporte al viajero a su chimenea y a su dulce hogar!”

Charles Dickens


Personajes:

Slovana (Mujer cercana a los treinta años, hija de padres provenientes de Europa Oriental, que llegaron a vivir a México tras una persecución política)
Acto Único

(Es nochebuena. Un basurero sobre una calle cualquiera, adaptado lo mejor posible para simular la sala de una casa)

Slovana: (vistiendo únicamente un elegante abrigo navideño, se dirige al público) 
Es así como lo cuento: llega un tipo cualquiera; velludo, tosco, ignorante. Sí, debió ser un tipo, porque en aquéllos años a las mujeres ni siquiera nos tomaban en cuenta; nos consideraban inferiores a los animales. Cada vez que tratábamos de abrir la boca, querían cerrárnosla a bofetadas, o con terapias sicóticas, a base de padres nuestros y aves marías. Aunque, analizándolo con atención, no hay tanta diferencia al día de hoy como pudiera suponerse; quiero decir, la libertad de muchas mujeres de hoy en día sigue siendo un mito, ¿o me equivoco?…Pero ese no es el punto. No vine aquí para insultar, ni para culpar o denunciar cuan cerdos, machistas y necios puede resultar los integrantes de esa salvaje manada de alopécicos ordinarios, que son los hombres.
Vine para contar mi historia: llega un bruto cualquiera, y les dice a los demás: Hoy, a tanto de tantos, se institucionalizará el día de Acción de Gracias. A partir de hoy, cada año celebraremos el día de Acción de Gracias en esta fecha. Y todos, vestidos de pavos gordos, aplauden. Luego, llega un presidente megalómano (ya ven que casi no se les da eso de la vanidad a los políticos). Pospone el día de festejar la Independencia de su país hasta el día siguiente, ¡sólo para poder festejar el día de su santo en la fecha de la fiesta nacional! Todo su gabinete, conformado por ratoncillos glotones, y por tipos estirados que semejan tripas amarillentas, aplauden. A partir de entonces, celebramos la Independencia de nuestro país un día después de la fecha exacta, para atender la voluntad de un dictador...De esta forma se organizó nuestro calendario moderno: a través de simples caprichos personales, religiosos y políticos.
Pues bien. Se preguntarán a qué quiero llegar. Dirán: esta mujer no es sino una de esas histéricas, revoltosas, mal folladas, que se pasan la vida insultando a los gusanos asquerosos de los hombres. Pues no. No soy ese tipo de mujer; aunque eso no hace a los hombres menos gusanos. Se trata de un acto de justicia. ¡Sí, señores, demando un poco de atención y justicia¡ ¡Porque, para mi mala fortuna, como acontece en los otros casos, un día como cualquier otro llega un tarado, y se le ocurre decir, asegurar, ¡afirmar!...que un día 24 de diciembre nació el niño Dios, Jesucristo, o Chuchito pa´ los cuates. Y desde entonces, cada año se celebra la Nochebuena, y posteriormente su cursilera…dije cursilera…Navidad. Y yo, una pobre víctima de ese bárbaro sistema, no me he podido desprender del estigma desde entonces.
Ese maldito (seguro fue  alguno de esos fanáticos), al escoger esa fecha, no tenía idea de todas las penalidades que me haría pasar en mi vida. Ese…pedazo insano de Santa Claus…no sabe el grado de neurosis que ha llegado a anidar dentro de mi cabeza, el odio profundo que se incuba en mi corazón desde entonces. Imagínense: la niña Slovana…ah pero claro; lamento no haberme presentado desde un inicio; que desatenta he sido: Slovana es mi nombre, así me pusieron mis padres que venían huyendo del dictador de un país ubicado en la Europa Oriental. Cuando llegamos a México, escapábamos de la miseria, de la desigualdad económica, de la violencia y los abusos de poder. Era un pueblo horrible…gracias a nuestra buena fortuna que vinimos a parar a este país, donde no se presenta ninguno de estos vicios …aquí todo es progreso y justicia…Señora…¡no veo motivo para reírse! ¿Acaso desconfía de la capacidad intelectual de sus políticos?
En fin, que no vine a hablar de la Historia; sino de mi  pequeña tragedia personal: La niña Slovana cumple tres años. Apenas tiene edad suficiente para comprender lo que recién le ha dicho la abuela; que los cumpleaños son días muy particulares donde nuestros papás nos compran pasteles jugosos, y nuestros amigos vienen a jugar con nosotros a una fiesta bonita, para traernos regalos; una reunión donde primos y amigos entonan una hermosa melodía para celebrar que tenemos un año más de vida. La niña Slovana se pone feliz: sabe que su cumpleaños se festeja esta semana, para ser exactos, la noche del 24 de diciembre. A los tres años, por supuesto, no tiene un recuerdo inmediato de la Nocheabuena del año anterior. Slovana prepara su mejor ropita para ese día; solicita que le hagan trencitas, usando unos moños amarillos; hasta le pide a su mamá que le compre una vestidito rosa, para celebrar. Pero, ¿qué sucede? Llega la Nochebuena; en lugar de un pastel jugoso, lleno de velitas, papá llega a casa con un rechoncho cerdito horneado; un animalito recostado sobre una cama de lechugas y aceitunas, humillado con una manzana rojísima entre su boca muerta. Pobre cerdito, ¿qué crimen podía haber cometido el cachorro para que se le tratara de esta forma? Entonces pensé: ¿qué clase de pastel es éste? ¿Soy integrante de una familia  caníbal, o qué?... Enseguida entra el tío Trotskov, disfrazado de San Nicolás. Viene excesivamente ebrio, y enseña una panza asquerosa en medio de su disfraz (la panza era lo único que lo asemejaba a Santa Claus). Entra dando trompicones y se va de bruces sobre las cenizas de la bisabuela Natasha, desperdigándolas por todo el lugar. Luego se pone a recoger ceniza por ceniza, para guardarla en la cajita; una vez que junta todas las cenizas, extiende la cajita y me la acerca. ¡Feliz navidad, pequeña Slovana! ¡Te traje este presente!, me dice el muy cabrón. Y me rocía las cenizas de la bisabuela sobre la cabeza. ¡Está nevando!!Nieve de los cárpatos!...!Merry Christmas gringas, sin Perestroika ni muro de Berlín!...me dice el desgraciado panzón. Y luego, un par de primos se le acercan y se ponen a bailar el kasashov, ¿cómo dicen ustedes?, ah sí, desmadrando las matrushkas de la abuela con sus pataleos.
Para qué quejarme, dirán ustedes: era una fiesta completa; hubo un pastel… de carne, un obsequio sobre mi cabeza,  y cantos celebratorios. Claro que después tíos y primos acabaron en una guerra a botellazos de vodka, y a los niños nos mandaron a dormir de inmediato. Como supondrán, estuve inmensamente triste durante esa noche, no porque hayan echado a perder la Nochebuena, sino porque con tanto ajetreo ninguno de esos zánganos se acordó de felicitarme por mi cumpleaños. Hasta a la abuela le pasó desapercibido, por salir a buscar a la más joven de mis tías, que se fugó esa misma noche con un estudiante de ciencias políticas de una comuna cercana. Ahora que soy grande, entiendo su preocupación: su destino al lado de un politólogo estaría no sólo predestinado a la miseria, sino a soportar día a día sus interminables peroratas de lo mal que estaba el mundo, y las mejores soluciones para enmendar el juego siniestro entre un neoliberalismo sociópata, y un socialismo tan caduco como los restos de Stanlin. Pero entonces yo era muy pequeña y no entendía nada. Sólo podía sentir un dolor inmenso en mi pequeña alma; un vacío interminable porque nadie se había acercado para darme un abrazo de cumpleaños…
Me dije a mi misma que los siguientes cumpleaños no podían ser peores…pero lo fueron. A partir de ese recuerdo cada año las Nochebuenas con mi familia eran más insoportables; las borracheras enormes y los desmadres…excesivos. Y ninguno de esos malditos años, mi familia recordó mi cumpleaños, ni siquiera por accidente. Así cumplí cuatro, ocho, diecisiete, veintiséis…ochenta y tres….bueno, tal vez estoy exagerando… murieron el abuelo y el tío Lenin. Mis padres se divorciaron. La prima Kumikova, quien había sido una famosa tenista hace veinticinco años, ahora estaba gorda como una piñata mexicana, y no precisamente rellena de colación. Corrieron los días hasta llegar al día de ayer. Nadie se acordó jamás. Dirán que jamás es una palabra demasiado absoluta para utilizarse. Pues bien: les reafirmo, que nunca nadie jamás ninguno alguno uno solo una sola en absoluto jamás de los jamases, recordaron mi cumpleaños. ¡Desgraciados! Y mi interior se fue desbordando; primero en un mar de llanto y tristeza; luego en una lluvia de reproches y amenazas, y al final en un recalcitrante y amargo odio contra todo lo navideño, sobre todo lo navideño americano: odiaba a Micky Mouse, con sus orejas de fenómeno y su carita tierna, cuando entonaba desafinado sus villancicos insulsos con el retrasado mental de Goofy. No soportaba los árboles navideños; esos pinos de plástico, más falsos que el Antiguo Testamento, a los que intentaban dotar de un gramo de vida con un miserable olor a bosque impregnado de químicos. ¿Santa Claus? Ni pensarlo. Cada vez que lo veía me parecía estar viendo a Rasputín encubierto bajo los principios capitalistas de la temporada. Además, yo siempre le he visto a Santa Claus cara de pederasta. Yo no sé cómo pueden permitir que los niños se retraten con tan espantoso personaje; yo no le encargaría un hijo, si lo tuviera, ni por cinco minutos. Mi odio hacia lo norteamericano vino en aumento… Me acuerdo que un día estábamos viendo la televisión en Navidad y a alguien se le ocurrió comentar que George Bush tenía raíces judías. No sé de dónde sacaron la idea; creo que fue del tío Trotskov, que era un asno por naturaleza, que seguro oyó un chisme en alguna cantina de la Colonia Guerrero, y lo tomó por una verdad irrebatible. El caso es que estaba toda la familia alegando si Bush era judío, o norteamericano. Entonces Slovana, tan antiyanqui como siempre, se para en medio del cuarto y sentencia: Bush no es judío, ni norteamericano: es culero. Y todos me dieron la razón. Es el único día que mi rencor fue bien recibido por los demás.
Las piñatas en las posadas me traumaron; cada ocasión que rompíamos una y me lanzaba sobre los dulces, resbalaba al pisar alguna mandarina aguada, y me sangraban las manos al caer de lleno sobre las astillas de la olla de barro. Claro que en víspera de Nochebuena lo usé como penitencia, una especie de autoflagelación para ascender mi preocupación a grado de rito. Iba a las posadas y me arrojaba sobre la piñata sólo para sangrarme las manos, y olvidar mediante el dolor físico mi terrible amargura existencial…
Se preguntarán que pasó después. Lo evidente. La niña Slovana se fue llenando de odio, hasta transformarse en el Ángel de la Venganza. Esperé paciente durante muchos años. Aunque durante la espera, hubo momentos en que intente dejar atrás mi rencor, andando de trotamundos. Viaje a la vieja Europa para encontrarme con mis orígenes. Me pareció doblemente fría: en clima y en hospitalidad. Además, las chapas rojas y redondas de mis compatriotas, y sus ojos pequeñitos me producían una risa incontrolable, que no me permitía mantener una conversación duradera con nadie. Les veía cara de playmovil. Me los imaginaba encaramados a las velas del barco pirata, u operando pacientes dentro de un quirófano de juguete. Como antítesis, demostrando mi rebeldía, se me ocurrió viajar a los Estados Unidos para comparar el estilo de vida; tuve que salir corriendo porque me parecía que en cualquier momento un violento xenofóbico medio nazi me podía quemar con leña verde, o que un negro impresionante de más de dos metros, y bien dotado, pudiera abusar de mi; lo peor, por supuesto, era lo del negro, pues corría el riesgo de que me pudiera gustar. Norteamérica, en cambio, no me gustó. La gente era gorda, y no comía…tragaba, ¡devoraba! enormes salchichas y hamburguesas con desesperación, sin masticar, arrojando fuera de sus bocas repugnantes trozos de carne y chorros de mostaza. Digamos que fue una experiencia embutida y espeluznante. Me olvidé de viajar.
Aún con ello, mi vida pudo haber sido otra. Tuve algunos novios formales, y algunos otros express con los que hubo grandes recuerdos; pero todas las relaciones terminaban mal porque en el fondo yo sabía que debía estar preparada para el momento. Andaba con ellos de enero a noviembre, y luego, cuando se acercaba el último mes del año, los mandaba a la…Siberia lejana, desterrados de mi corazón. No me culpen, tenía que cumplir mi meta. Además, todos, en algún momento, me recordaban al tío Trostkov o a mi padre, por brutos e insensibles. Y a los que tenían algunos kilitos de más, les veía la cara  del marranito con todo y manzana en la boca. Era aterrador.
Conciente del punto crítico al que había llegado mi vida por culpa de mis traumas de infancia, decidí que no podía dejar pasar por alto mi ira. La señal sería el año que volvieran a cocinar cerdito. Para su buena o mala fortuna, durante años no se decidieron a cocinar al lechón. Hasta se daban el lujo de inventar platillos los muy cobardes. Yo creo que presentían un atentado casero. Así vi desfilar año con año, pavos rellenos de picadillo, de jamón, de pavo, de jamón de pavo, de picadillo de jamón de pavo…carne sobre carne, una cosa asquerosa; también vi suculentos budines, gelatinas, pasteles (que obviamente no venían acompañados de velitas para celebrar); y de vez en vez romeritos con mole; bacalao, caviar, y otros tantos platillos que no hacían más que acrecentar mi ansiedad. Pero el cerdito no llegaba.
Hasta que ayer, precisamente ayer, mi paciencia se vio recompensada. Lo vi entrar a la  casa, radiante. Sus carnes rosadas y jugosas se estremecían al paso del tío Trostkov, que lo traía en brazos sobre una cama de lechuga y aceitunas. De pronto sentí que el cerdito se elevaba con dos poderosas alas, magnífico, como un serafín que ascendía a los aires, volaba por encima de la cabeza de mis parientes; llegaba a mi, para llenar mi mejilla con suculentos besos amorosos y trompudos, y con voz angelical me susurraba: Dios, en su infinita gracia, te ha concedido el momento. Es hora…Oink, oink.
Toda la rabia contenida se desbordó. De inmediato me dirigí a mi recámara, y saqué del cajón de mi buró, un viejo disfraz de Santa Claus, tan desaliñado, que me dejaba al descubierto la panza. Debajo de la cama, extraje un pastel enorme y jugoso, al que le había colocado cerca de treinta y dos o treinta y tres velitas…hasta yo perdí la cuenta del número exacto del cumpleaños que festejaba. Luego, de entre la funda de la almohada saqué una botella de vodka pirata que guardaba celosamente, y me la bebí en tres tragos. Si una botella de vodka produce efectos espantosos, imagínense lo que puede hacer un vodka pirata.
Salí a la sala de la casa dispuesta a todo. Cuando llegué a donde estaba el tío Trostkov; éste se me quedó mirando con la boca abierta (tal era la imagen y la peste que yo despedía). No pude soportar su cara de estúpido y le apliqué un puñetazo en pleno rostro; que le hizo brotar de la nariz, un borbotón de sangre más rojo que un gorro navideño. Todos se quedaron atónitos. Me miraban como si se hallaran ante la visita de los Reyes Magos. Tomé las figuras del nacimiento y una por una, me las tallé entre las axilas, de manera muy gráfica; otras tantas, me las pasé por partes pudendas que no quiero siquiera mencionar, y se las fui arrojando una a una a los sobrinos que venían de visita desde las lejanas tierras: a éste pequeño le zumbaba en la oreja, a aquél casi le saco el ojo con el San José, al otro casi le provoco un derrame cerebral con el pesebre. ¡Tomen, tomen su navidad, cabrones!, les grité de forma un poco violenta. Luego me vendé los ojos, de manera tramposa, pues había una rendija por la que alcanzaba a ver, y perseguí al abuelo Romanov, que está enfermo de artritis, por todos los rincones de la sala, al grito de ¡Dale, dale, dale…dale al socialismo; rómpele la madre…al capitalismo!...
En honor  a la verdad debo decir que el tío Romanov se portó valiente; ágil esquivo dos o tres golpes que intentaban alcanzarlo; y los palos que sí atiné a propinarle, los recibió sin ninguna queja, sin ninguna mala palabra de su parte, como un valiente cosaco. Bueno, el tío Romanov es mudo, ¡pero eso no hace menos evidente su heroísmo!...Al final, el número estelar. Amenazante, ante el alboroto de los concurrentes, me acerqué al árbol navideño, a ese símbolo plástico de nuestra destrucción ambiental, de nuestro planeticidio…lo rocié con el chorro de vodka pirata que me quedaba….y ¡fiiuuuuu! Estallaron los fuegos artificiales. Ardía el árbol como la ciudad de Belén, el día de la furia de Herodes. Ardía como Godoma y Somorra, o como Sodoma y Gomorra, o como se llamen. Corrí entre los presentes, escapando a sus intentos vanos de atraparme; empuñando un terrible y regordete pastel me encaminé hasta la abuela, sin que nadie tuviera tiempo de reaccionar. La abuela temblaba como un ratoncito, allí, sentada en su silla de ruedas, cubiertas sus piernitas con una colcha ucraniana. Lento, como en una pesadilla para ella, y en un sueño inimaginable y placentero para mí, me acerqué, mientras me cantaba yo misma el Happy Birthday to you, para no desentonar con lo gabacho; luego apagué las velas silenciosamente, y entonces, como en cámara lenta, en esa noche mágica y especial…le zambullí el pastel a la abuela en pleno rostro, retorciéndoselo numerosamente, adentrándole el chantilly entre las fosas nasales ¡Feliz navidad…jo, jo, jo, bola de mugrosos!, dije enloquecida…¡les apuesto lo que quieran a que este cumpleaños de Solvana no lo van a olvidar nunca, hijos de puta!
            (Slovana hace una pausa; saca de el bolsillo de su abrigo un rey mago sin cabeza, y lo contempla ensimismada)
            Así quedó mi familia después del incidente, como un Rey Mago descabezado, como un nacimiento sin sus bueyes y sin burros…bueno, bueyes y burros teníamos bastantes en la familia, pero no navideños. Por supuesto, me echaron de la casa. Formaron un juicio sumario y me desterraron. Para mi fue mucho mejor eso que estar encerrada de por vida en ese campo de concentración; tanto olvido me tenía harta…
¿Qué va a pasar en un futuro próximo? ¿Me recibirá mi familia de vuelta, arrepentida por tanto dolor que me infligió ignorando mis aniversarios, y sobre todo, avergonzada por haberme echado de la casa? ¿Me molerán a palos si vuelvo, e invadirán mi recámara con sus estupideces, como cuando los aliados invadieron Checoslovaquia? ¿Cesará este frío iceberg infinito de la incomunicación familiar?¿Ya le habrán extraído, de las fosas nasales, el chantilly a la abuela?¿Lloraran todos al árbol de Navidad incendiado, como Pepe el Toro le lloro a su “Torito”? Son preguntas que cada minuto vienen a mi cabeza…y que me tienen sin cuidado. Con la cajita que le robé a la abuela, que guardaba bajo las duelas de su recámara, y con el reloj de oro macizo del tío Trostkov, pienso darme la gran vida. Lo que pase en esa casa, me tiene sin cuidado. Como me tienen sin cuidado la Perestroika, el Neoliberalismo, o esa fotografía del actual presidente, que a mí se me hace que sí es judío…
Por lo pronto, ya me compré un pastelito de cumpleaños, medianito, algo humilde, para no pecar de gula en un día tan católico como éste. Ahora (saca unas velitas, las coloca con paciencia y las enciende), procedo a llenar mi vida de luz (entra bajo música de villancicos); y en compañía de ese grupo de niños que canta de manera angelical en la casa vecina, a donde sé que por fortuna nunca seré invitada, me procuro a mi, como debí haberlo hecho desde mi aniversario número tres.
¡Damas y caballeros, con ustedes: el cumpleaños de Slovana! (Slovana canta melodiosa)… ¡Happy birthday to me! ¡Happy birthday to me! ¡Aunque me cague el estilo gringo, Slovanahappy birthday to me! (Slovana sopla y apaga las velas del pastel)


(Oscuro total. Entra música de villancicos versión cumbia)
Fin





Ulises Paniagua Olivares (México D.F. 1976)

Narrador, poeta, videasta y dramaturgo. Se  graduó como arquitecto en el Instituto Politécnico Nacional. Ha publicado, en colectivo, cuatro libros de cuento (Cuentos dispersos, Nuevo cuentario, El silencio se mudó al armario y Cuentos húmedos), todos ellos bajo el sello editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México. También publicó, en 2009, el poemario De amor y otras miserias, bajo el sello editorial Fridaura; y el libro de cuentos Patibulario, en el 2011, con la editorial Mutibilda. Su obra ha sido divulgada en diversas revistas y diarios nacionales e internacionales. En el 2007 recibió una mención honorífica en el Concurso Nacional de Cuento Criaturas de la Noche, del Instituto Coahuilense de Cultura. En el 2008, fue incluido en la antología de Poesía Latinoamericana Giulia Gonzaga,de la revista Lo Spazio (Italia) Algunos de sus poemas han sido traducidos al inglés, al alemán y al italiano. Contacto:  sesilu7@yahoo.com.mx

viernes, 18 de noviembre de 2011

El cinco en el Número Cinco, con Gabriela Vega

El cinco no es un número cabalístico, ni una figura que se asocie a la buena o a la mala suerte (cuando menos en la cultura occidental). No es un número que posea una presencia histórica particular, ni el encanto de una figura refinada. Tal disertación sirve de preámbulo para aclarar que hemos llegado al número 5 de nuestra sección, La Isla, donde publicamos obra literaria de autores de prestigio, y de jóvenes autores de gran calidad, a los que no les interesa demasiado este asunto de la numerología asociada con el cinco. En esta ocasión, nos complace presentar la poética y las letras de:

Gabriela Vega (Edo. de México, 1984)

Gabriela es un claro ejemplo de una autora joven con talento, cuyas sensaciones y emociones se muestran francas, nítidas, a flor de piel. Y para este número, siguiendo el patrón de lo humorístico y lo sencilo, que encuentra su dificultad en la propia sencillez, tenemos algunas pequeñas frases que nos regala la autora mexicana, que bien pueden considerarse aforismos:

Algo sobre mí: (todo empezó en un pedazo de papel de estraza)

Cualquier persona es lo quiere ser... pero no cualquier persona se atreve a despertar

Sólo exige aquéllo que estés dispuesto a dar o perder
        ¿Que encuentras cuando entras, qué puede haber, qué puedo dar para que pretendas quedarte o  estar? Pues yo que más soy, si no una sombra con cuerpo, que suele ver hacia dentro, que habla a veces   para decir nada, que plasma sueños con deseos impregnados de esencias ajenas y sólo algunas veces, ama...

   Y como leer sólo un parte de la obra de un autor es marginarlo en cierto sentido, nos gustaría internarnos en la poética de Vega. Una  poesía intrincada, compleja, que se atreve a buscar las fibras más sensibles, más dolidas de sí misma, aprocechando la difícil búsqueda del yo, la comprensión de una ruptura. Ejercicio al que muy pocos poetas se atreven. Los dejamos entonces con algunos poemas de Gabriela, esperando los disfruten tanto como nosostros:


Reminiscencia

(Gabriela Vega)

Del tu y yo.

De los recuerdos postergados
que llegan libres entre  sueños distantes,
en  soledades de sonidos ausentes.

Avivados por el deseo
que baila de madrugada
en los poros de la piel.

Dejando  murmullos de olvido,
que dejan huella.

Reminiscencia, desde otros ojos.

Recuerdo

(Gabriela Vega)


Esto no es como lo recuerdo,

los escombros de las memorias se mezclan con el insomnio…

Los puntos de partida son borrascosos y los puntos de encuentro casi son inexistentes.

La nostalgia de noches de vuelo y muertes constantes,

ya no se tornan ocasionales: ¡ya no las hay!

A veces me pongo a extrañarme un poco más.

No recuerdo que esto fuera así… con tanto NADA que decir.




Las analogías impersonales

(Gabriela Vega)


El pasado aun camina,

aprendió a tocar tu puerta,

a llamarte  por tu nombre,

te regala dos miradas de reconocimiento,

una escudriña lo que ya no tienes,

la segunda trata de descifrar las nuevas manías.

Abre lentamente los labios

y  te pide  que lo invites a entrar

PARA TOMAR TÉ…

En un intento, para no ser desplazado por tu olvido,

 donde desteje telarañas de soledad,

mientras te cuenta de ilusiones,

destinos distantes y sueños que se volvieron moribundos.



Gabriela Vega Rivera
(Naucalpan, Edo. de México, 1984)
Gabriela Vega es narradora y poeta. Durante varios años ha participado en recitales y ciclo de lecturas, llegando a presentarse en diversos centros culturales del Distrito Federal y del Edo. de México. Entre ellos podemos destacar la Casa de Cultura Azcapozalco, el Centro Cultural Mexiquense, así como múltiples escuelas a nivel secundaria y bachillerato. Su obra ha sido publicada en revista electrónicas e impresas del área metropolitana.Contacto: cenit50@hotmail.com